viernes, 26 de octubre de 2007

Sobre las prendas de vestir. Parte uno: marcas

"Dime que tipo de ropa te pones y te diré quién eres", diría una versión libre del famoso rezo popular. Para nadie es un misterio que desde que la humanidad decidió adoptar el vestido, ha existido un diferencial entre lo mejor y lo peor.
Pero en sí ¿qué es la ropa? Una composición de telas, materiales, colores, tecnologías, formas, diseños. Sin embargo, no todas son las mismas materias primas, ni todo tiene el mismo diseño. Por lo menos no es así en el mundo capitalista.
Así las cosas, la composición que hace Armani o la que hace Carolina Herrera no es la misma que pueda hacer el diseñador de Pronto o de LecLee. Hay algo en las composiciones de cada uno que le da un valor agregado y que en últimas redunda en el conceptor que se tenga sobre una prenda.
Puede decirse, en primera instancia, que la calidad y el diseño son los principales constituyentes del concepto "marca" en el mundo de la moda. Sin embargo si se piensa de esta manera se está dejando de lado otro componente vital para la construcción de una marca: la tradición.
"La marca" es ante todo un nombre que engloba un grupo de telas cosidas de cierta manera, pero hablar de una "marca" es posible sólo en virtud de que hay un conjunto de características que dicha marca engloba.
Los pantalones o las camisas que hace "Diesel" no son las mismas que hace "Arturo Calle". Además, el concepto que se tiene sobre las prendas que hace el primero no es el mismo que con las prendas que hace el segundo. Una prenda Diesel será mejor valorada que la de Arturo Calle en virtud de la tradición de la que anteriormente se hablaba.

Ahora bien, cabe preguntarse: ¿Estos principios enunciados son universales?¿Así de tajante es la realidad? Las respuestas serán publicadas en una próxima entrada cuyo centro será el valor social de las marcas.

Sobre el apellido

Un apellido es un sustantivo que nos ayuda a diferenciarnos. Así, todas las personas llamadas "Andrés" se pueden identificar como singulares en tanto tienen un apellido particular. Andrés Pérez no es el mismo Andrés González.
Un apellido no es más que una combinatoria aleatoria de letras. Es una palabra cualquiera. Pero históricamente el apellido ha sido utilizado para dar cuenta de linajes, personajes y acontecimientos famosos.
Ahora bien, un apellido en primera instancia no es otra cosa sino un contenido que da cuenta de un linaje, de una familia, de una tradición. Se dice que fue en la edad media donde los apellidos cobraron su importancia en virtud del nacimiento de la heráldica, conocimiento que se encarga de rastrear la historia de los apellidos, su origen.Más allá de la historia de los apellidos interesa para este análisis transmedial, las implicaciones que estos tienen.
Así como el nombre, un apellido traza cierto territorio para los cuerpos. De una u otra manera no es lo mismo nacer bajo el apellido "Santo Domingo, Santos, etc" que con otro "Pérez, Díaz". No se trata de que unos valgan menos que los demás. Ni más faltaba. Se trata de que estos apellidos dan cuenta de un cierto tipo de condiciones inherentes a las personas que los llevan. En ese sentido, en Colombia una persona con apellido "Santo Domingo" o "de Francisco" con toda seguridad será alguien de una elevada posición social, compartirá en ciertos círculos y hará ciertras cosas de su vida en virtud de sus recursos.
Se trata, pues, de que un apellido es un texto que establece un diferencial. Estratifica ciertos cuerpos en relación con otros desde distintos aspectos.